Ver mi tierra con ojos de extranjera
Hoy quiero ver tierra con ojos de extranjera, discurrir la emoción de los nuevos comienzos, encontrar, en el interior de mi necesidad de asombro, el fuego, y que arda. ¡Que arda! Se me hace necesario experimentar lo tan conocido con piel de extranjera: sol, agua de mar, calor y humedad. Sentir, como si mi piel hubiese pertenecido a otro universo, con la necesidad de quien nunca ha sido impactado por la brevedad de un ocaso. Quiero cantar con voz de extranjera esas canciones que me mencionan, que me nombran en cada estrofa, que redefinen las letras de mi nombre, de mi nombre que pertenece al olvido. ¿Y si redescubro el verde de mis árboles, lo alto de mis palmeras, la transparencia de mis aguas, el azul del larimar? ¿Y si encuentro refugio en las conversaciones sencillas, en las risas del vendedor de la esquina, en la silla del colmadero que siempre tiene sentada una historia? ¿Y si dejo de ver mi tierra con el cansancio y el hastío de los días, con la arrogancia de quien ha pisado otros confines, con la consciencia perturbada por los tantos grandes que nos oprimen? ¿Todavía tenemos oportunidad de entendernos, de encontrarnos en las simplicidades de nuestra identidad? ¿Y si hoy me atrevo a ver mi tierra con ojos de extranjera?