Un faro entre la tormenta
En un mundo convulso, de sombras errantes, donde el ruido es murmullo de guerras distantes, la bondad aún brota, cual flor en la grieta, silenciosa y pura, su luz nos despierta. Entre el caos que arde en las calles oscuras, una mano se tiende, dispuesta y segura, es el gesto pequeño, sin voz que lo nombra, que alivia el cansancio, que al débil asombra. Son los ojos que miran, sin juicio ni prisa, el abrazo ofrecido que nunca se avisa, es el alma serena, que a todos comprende, la bondad es como el faro, que nunca se pierde. En la bruma del odio, en el grito violento, la bondad es el viento que calma el lamento, y aunque el mundo se quiebre en su propio fragor, siempre habrá quien respire de su suave fulgor. Porque mientras haya una mano tendida, un susurro de paz, una llama encendida, el mundo convulso hallará, con certeza, en la bondad su alivio, su nueva belleza.