Poema de la musa insomne
Que límpida estás, allá en las alturas ¡oh eterna musa insomne! con tus hebras de plata desvelada revelándole a mis ojos de Sísifo el ancestral sortilegio de las sombras. Tanta es la hegemonía de monarca que esta noche testaruda irradias que más no sé si aquí sigo conmigo o convertido en súbdito incansable persigo el rastro oculto de tu rostro. La ciudad antes ruidosa y ostentosa ahora distante y taciturna con grácil vuelo de alas recién nacidas anhela el nirvana prometido del profeta. Y mientras tanto, un niche grupo canta en silencio las gotas de lluvia que ya no caen, pero tu luz refleja cual alfombra de nieve sobre el pavimento y mi pecho... Y de repente te escondes y dos luceros cansados intentan suicidarse porque sin tu luz no son más que lagunas petrificadas por el gélido viento de las tinieblas. A mi espalda el viento te nombra mil veces y los felinos inventan otras mil voces humanas que reclaman impacientes el renacer del semblante azul de tus caricias. ¡Resiste! ¡Oh musa insomne! ¡Resiste! esta maldita emboscada del éter plomizo anunciante execrable de que volverá la lluvia a caer sobre el pavimento fértil de angustias y mi corazón...