MALAHIERBAS
MALAHIERBAS (EZEQUIEL MARTINEZ) Cuando el pasto reverdece, Le susurra al jardinero Con un copete cimero Que de malezas padece. ¡Y de inmediato obedece! Pues a la perenne yerba su indignación exacerba, las acusan de profanas, le arranca con tantas ganas que llora el suelo y desnerva. Extirparle cual raigón malherbólogos ordenan ni por suerte les apenan el cultivo es su pregón. El cielo hecho rasgón, era tanta su zozobra ya que burda no es su obra a aquellos silvestres yuyos también Dios les dio los suyos a reivindicar… ¡de sobra! ¿Por qué dicha referencia, defensa y tanto repunte? Tal vez usted se pregunte, ¡Les recuerdo de mi infancia! Obedece a la audacia de esos dos niños peliones en búsqueda de atenciones yendo a casa de mi tía, que siempre nos consentía con dulces y con bombones. Cada domingo en la tarde Era ese nuestro paseo Con dos fundas de acarreo Y pese al sol que tanto arde. Esa carga no era en barde, eran yerbas bienvenidas, propicias, bien recibidas, a sus conejos servían de alimento que comían. ¡Buenas yerbas, bendecidas!