Leve llovizna de febrero
De chubascos y recuerdos se abruma la carretera que me lleva a suponerte en cada gota, pequeña y aturdida, que se estrella contra esta inerte vidriera. Llueve también dentro, y tu ausencia cobra más fuerza habitando cada instante acampando placentera hilvanando laberintos ¡dulce abismo del poeta! Llueve fuera, llueve dentro revelada mi condena naufraga en mil recuerdos quebrantados, mientras estas manos insurrectas buscan tu piel como recompensa condenadas al fracaso te convierten en poema. Llueve fuera, llueve dentro y tras esta infame muestra preguntarte quizá intente ¿dejan tus ojos que llueva?