por Wilkin Beltré De Óleo hace 1 año

La soledad y yo

La soledad se envolvía como pudiera
entre mi pecho y mi memoria
y una que otra vez anidaba en mis manos
sin importar cuán cerradas estaban
qué tan lejos fuera yo
ni qué tan acompañado estuviera.

No tenía hora ni lugar en deslizarse
entre recuerdos que me hacían buscarte
en cada espacio a los que siempre fuiste
o te llevé a mi lado;
aunque jamás, y lo confieso
dejé de sentir el temor de que si te encontraba
podía ser en otra piel, con otros ojos
en otra voz y
vistiendo un atuendo de tiempo
que no fuera el mío.

Pero una vez me hizo seguir sus pasos
y me llevó hasta el lugar
donde jugó el azar su mejor carta
y movió el destino sus mejores aliados
entre ellos la esperanza
y me ordenó aparcar mi corazón
por donde sabía que pasarías tú
o donde también alguna vez esperaste
a que pasara yo
así fuera para tan solo verme sonreír.

La insistente soledad
que no deja jamás
engañar al alma con otra carne
me dejó como regalo imperecedero
la fuerza inagotable de salir a ciegas por ti
sin que me importe que no me estés extrañando
o que desees odiarme con locura
porque siempre has estado en el mismo lugar
a la espera de que vuelva
a tomar con la misma fe
aquello que ni la fatalidad ni la desgracia
han sido capaces siquiera
de hacerle un pequeño rasguño.

Le gusta a...

Por favor inicia sesión antes de comentar.


Comentarios

Cargando comentarios