La herida
Desde que apareciste, he pensado mucho en dejarme ir. Estoy cansada de esta oscuridad de esta soledad que alvergan los naufragios antiguos las fosas oceánicas. Manos sin dedos me sostienen ahora estoy a la deriva hundiéndome en la propia conmiseración. ¿Qué te costaba absorberme por completo desde el inicio, bañarme de tu sangre, hacerme una con tu dolor? ¿Te complaces en ver mi pecho agujereado? Mi voz que sale negra de entre mis ojos te suplica que pares. ¿Qué se hace cuando no se tiene a dónde ir cuando han menguado las caricias que pertenecen a nuestro ser? ¡Dímelo ahora! ¿Qué hago ahora que la tristeza pesa más que el mismísimo aire que respiro? ¡Ya no quiero escucharte crujirme en la piel escamosa! Del alma me cualgan lágrimas pequeños suspiros con cara de esperanza. La cicatrización es una promesa lejana encerrada en una casa de tablas palpitantes. Soy la viva imagen de mi muerte la cama de plumas del olvido. Herida te haré sufrir hasta que desaparezcas.