Haibun

por Silvia Luz Jiménez hace 9 meses

La primera hebra del sol de la mañana danzó ligera y, como una telaraña, atrapó toda la luz sobre si misma. Al salir, un golpe de viento frío clavó sus agujas en la cara y ella agachó la cabeza protegiéndose. El sol hacía guiños a través de las ramas y la calle serpenteaba vacía y silenciosa. La estación del tren estaba un poco lejos, y mientras caminaba, su mente ensartaba como cuentas de un collar, un pensamiento con el otro.

La luz del sol
se extiende entre los álamos.
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