Gris cielo
Un día, un día me encontraba bajo el gris del cielo, tendida en aquel frío suelo, preguntándome: ¿Por qué no lloro? ¿Por qué no siento? ¿Por qué no imploro? La soledad se convirtió en mi amiga y la necesidad en mi enemiga. Las lágrimas que no salían daban a entender que mi brillo perdía. ¿Por qué me perdía? Encerrada en cuatro paredes, sin querer ver luz, sin querer vida. Vida... esa marchita que una vez más está siendo aquí escrita; ella que perderé orgullosamente un día. Por eso yo no lloraría, supondría que, en vez de eso, lo amaría. Sentía, sentía en mi corazón la ausencia de toda esperanza; de volver a amar las estrellas y su titilar, de querer el sol, de querer contemplar cómo brilla. Alma mía, un día te perderé, un día gozaré desde las nubes perdidas mi deceso, mi alma ascendida... pues perdida estoy, buscando un lugar donde tranquila estaría.