En tu espejo.
Barcarola, ombligo de imperio egipcio, navego piel, norte, sur, mi mano clavando caricia de andes por tus contornos, hueco de tu pecho a mis garras, de tu cuello a mi sed, hambre de diez mil lunas por tus manos que circundan cada delirio de albas entre mis sábanas mojadas. Poesía, cintura desnuda con dos esquinas a mi boca, espalda como esfinge acariciando mi barba entre madrugadas -antes grises- hasta saciar último segundo de mi fin. He existido mil veces, he muerto otras diez mil... revivo entre tus ojos, hoy, quizás, vuelva a morir entre mi madrugada y resucite entre tus costillas, ahí, justo entre flores que brotan de tus muslos, reflejo de mis ojos cerrados en tu espejo, libro al centro, ese despertar sin ropa, sin sombras, sin tiempo, sin afán… y me tomas como verso de Neruda haciéndome barca entre tus aguas y marejadas… bebo profundidades de tus ángeles.