por TONY Reyes hace 10 meses

Ella es mi desayuno

Estábamos alineados, ella se encontraba en frente mío y yo a su espalda, de rodillas sobre la cama. Tras unos minutos de caricias y sin cansarme del abrazo que me daba con las manos extendidas hacia atrás -cual lo harían las alas de un ángel-, la tomé por el pelo y llevé su barbilla hasta las sabanas. Se curvó en dos direcciones, hacia arriba (desde atrás) porque sabe me resulta hermoso y a la izquierda (desde el frente) para voltear a verme, pues dice que le gusta el aspecto de mi rostro cuando penetró en su cuerpo.

Los latidos de nuestros corazones se convirtieron en música. Sus maravillosos ojos se clavaron en los míos y no se como sin una sola palabra entendí cuando me dijo que estaba lista para bailar. Sin importar cuando, cada vez que danzamos mis manos visitan todo su cuerpo; las deslizo reiteradas veces sobre su sexo guiado por su respiración y en algún momento de mucha excitación mis dos pulgares se tocan, sino en su zona V muy cerca. Entonces los muevo juntos hacia su cuello, pero en el camino se separan y uno de los dos no pasa de sus deliciosos pechos. Acto seguido me aprieto contra ella y beso toda su espalda hasta el nacimiento del cabello. En el camino, rodeando la nuca de mi dueña, mi nariz se encuentra con el dedo de la mano que si llegó a su destino y (shshshshs) salgo …y (ahahahah) entro y (fhfhfhfh) repito… siguiendo siempre -fielmente- el ritmo de sus latidos, que al principio, mucho más lentos que al final, me permiten ser más delicado.

No se si floto, vuelo o me sumerjo en ella. Todo cambia cuando encueros nos aferramos uno al otro para terminar en un suculento y prolongado Orgasmo; ella es mi paraíso, mi desayuno, comida y merienda. Soy glotón porque me sacia pero en seguida gusto nuevamente de ella. Más nada hay que pedir o decir, ella es mía y yo de ella, cuando quiero me brinda, sin reclamos ni quejas.

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