Elipsis de los noes
Mi lengua dibuja en tus labios lo que mi garganta no articula. Ofrece un lamido sincero, señal y advertencia, de quien se despide y no se va. Inocula el capricho de besar las manos que se esconden con cautela de tu tacto adictivo, de que tu aroma se arrime a mi olfato para diluirse en mis lágrimas. Hay un ansia acurrucada en la distancia de nuestras bocas. La primera en lanzarse deberá gritarla. Pero yo, que aprendí a saltar en silencio, suturaré tus labios con las garras de mis miedos. Mi lengua, exhausta, se recostará en tu pecho, rodará a tu ombligo y beberá el sudor de tus afanes hasta que tu mirada me repudie hasta que tu olor me rehúya hasta que el deseo se sacuda el sopor y se vaya lejos.