por Bryan Thomas hace 2 semanas

El perro (microrrelato)

El detective le hizo una seña a su compañero para que se acercara, mostrándole a través de la ventana una pequeña casita deforme de madera que se erguía en el fondo del patio, arropada por la maleza. Caminaron con cuidado entre las evidencias marcadas, las salpicaduras de sangre, las porcelanas rotas y los muebles desgarrados.

El patio estaba poco cuidado, oscuro y húmedo, con botellas vacías de licor apiladas y trozos de una pequeña cadena rota que parecía seguir un camino hasta la puerta trasera de la casa. En la pequeña casita, un perro demacrado con el pelaje negro, lleno de cicatrices mojadas de sangre, alzó sus ojos brillantes y tristes ante el detective. Movió su colita dando ligeros golpes en la madera podrida sin dejar de jugar con el hueso que mordisqueaba entre sus dientes filosos.

El detective se agachó ante él, acariciando su cabeza hasta hacerlo soltar el hueso babeado. Lo recogió con sus guantes, se puso de pie y le dijo a su compañero:
— Ya tenemos el cadáver.

Ambos, consternados, notaron que el perro, sucio y huesudo, los miraba con sus ojos brillantes y tristes.

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