por TONY Reyes hace 6 meses

El beso

Recuerdo la primera vez que tus labios y los míos se juntaron. Yo observaba con los ojos profundamente cerrados ese acontecimiento singular, deslice suavemente un pedacito de mí en la exquisita galería que alberga esos formidables incisivos leche tuyos y entendí en seguida que en tú boca, como en la mía, resultaba familiar la visita ocasional de una lengua húmeda y juguetona.

En la medida que me hacia consciente de tu pericia en el arte milenario del bien besar, me hacia inconsciente de todo lo demás. Iba perdiendo el control de mi ser, iba contigo, muy lejos viajando sin movernos físicamente a ninguna parte, apresurados, juntos y a ningún lugar, sin que me importara cómo, cuándo, ni con quién aprendiste a satisfacer a otro en tan poquito tiempo, sólo con la boca.

Ahora, viéndolo en retrospectiva, imagino que eramos dos amantes amateurs, explorando un nuevo universo de posiblidades sin miedo a lo desconocido y fascinados el uno con el otro. Con muchas ganas de descenfrenarnos, mientras esperábamos el siguiente movimiento de la otra persona y sin embargo, todo pasaba lentamente a prisas.

Cuando acabó, yo te abrazaba sin dejar de observarte desde la oscuridad con la que sólo pueden mirar los dedos de estás manos inquietas, que infraganti se deslizaban sobre tu suave y aromática piel.

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