por Nuria de espinosa hace 2 semanas

Durante el otoño

Intento caminar entre montañas y dejar que
la yerba crezca por la
ladera, que los rayos de
sol penetren por la
arboleda junto al resplandor del arcoíris y el canto de las cigüeñas...

Camino firme y constante,
como un colibrí en su aleteo
sin brisa, ni viento,
acompañada por la paz y el silencio.

Y al amanecer cuando
el sol se pone sobre el horizonte y un aurea de luz blanca se posa sobre mis sabanas, soy como brasas
que siempre dejaron ascuas.

Y en la cima de la montaña,
solo mi presencia me acompaña, junto al vuelo de las aves y el calor de los rayos solares; es el preludio de una mañana que abraza la felicidad de mi alma.

Tonos púrpura y ocre
abrazan las calles
en un expectaculo de
color y matices solares
dando luz a los ventanales.

Le gusta a...

Por favor inicia sesión antes de comentar.


¿Te gusta este texto?

Se el primero en dejar un comentario.