por Nuria de espinosa hace 1 mes

Durante el Crepúsculo

Allá donde el eucalipto centenario, rompe
su silencio,
se enterraron las ilusiones
al viento,
sobre la inexperta vereda.

Allí desde un abismo y un arrebato de crisantemos
el tiempo pierde su rosa en el vergel veloz y decrépito.

La luz del crepúsculo ilumina los pétalos de las acacias
en un lugar donde no importa el arrebato.

En un segundo el miedo no tendrá un mañana,
ni el colibrí en la alborada aleteará con su arrogancia
sobre la cresta del cerro, pero dejará paso a la esperanza,
porque el amor es como el agua que cubre las heridas.

¡Oh, golondrina blanca de pluma pulcra!

Que voraz la época amarga de tu fulgurante pico,
que abre las ramas por debajo de tus alas.

Emerge la voz que desgarra el pretexto esquivo
de los versos,
enmascarando el rostro cabizbajo y el temido reflejo.

¡La luna se bañará en flores y aromas de ensueño!

Más no habrá desasosiego ni desvelo en la noche,
quizás un epitafio mudo que galope en el tronco del almendro.

¡Qué infierno de luna!

Y que hastío el que agoniza en la lánguida mirada de un crisantemo.

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