Culpa y Fuego
En el año 23 del vigésimo primero, nació un querer austero y condenado a perderse, tan efímero y tan fuerte sus esporas se expandieron con una mano de hierro que los guió hasta la muerte. La complicidad su fuerte, la lascivia su estandarte como una obra de arte de algún escultor perfecto, que hizo temblar mi cuerpo en oleajes de placer aceptando sin querer que tu levantaste a un muerto. Pasó el tiempo y sin anhelo se levantó este querer que me hizo palpitar en gemidos de dulzura, en tu gusto de mujer navegué, mientras lamia tus susurros y moría en el mar de tu alma pura Te prohibí hacer el ruido que del alma te salía te hice perder la calma y el deseo te negué, oh! como lo disfruté, verte líquida y sudada sin poder mover tus alas por las cuerdas que te até. Por el fuego que quemaban los pliegues de tu querer te resbalaste mujer si una vía de escape, aún así lo disfrutaste aunque tú culpa te niegue aunque este fuego te queme te sonrojó perecer.