Como el mar en calma
Al anochecer el recuerdo impenetrable de tu despedida ahoga mi alma de una forma abrumadora. Evocar aquellos días puede llegar a ser aterrador... Navego en un océano en calma, cuya suave brisa desgasta mi rostro; no puedes alcanzarme, ni interrumpir la serenidad que fluye de mi interior como un rayo de luz ilumina el horizonte. Hoy, el recuerdo de tus palabras, de tu despedida, me invade y siento una entereza que fluye por mis venas, igual que una balsa de aceite que apacigua mis días de extraña soledad. Me gustaría ser [...] una gaviota que vuela sobre altamar sin rumbo, pero serena. Un día puedo ser un rayo cósmico que cruza el firmamento, y en otro instante una estrella fugaz que cruza los cielos, o incluso, una tormenta de relámpagos y truenos. No obstante, en este presente; solo soy una sombra, una partícula en el tiempo, una leve sonrisa que se apaga sin remedio, y qué, a pesar de todo navega sosegada en un barco a la deriva, llamado esperanza.